"Diluvio", de Luis Buñuel

Estuve escombrando varios archivos antiguos que tenía en mi computadora, y di con un archivo de texto que no había visto hace casi una década, con un texto de Luis Buñuel, que les presento a todos ustedes y a todos vosotros para su deleite.

Hace muchísimos años, cuando era un joven lleno de sueños que no estaban en un monitor, escuché a Jordi Soler leer esta obrita literaria en su programa de Radioactivo 98 1/2 (¿era de lunes a miércoles de 10 a 12 pm? estoy casi seguro de ello) en algún momento de uno de sus programas, justo entre alguna canción de buena música del tipo de Leonard Cohen y las recomendaciones cinematográficas de “El Flaco”.

¡Qué tiempos aquellos, Don Ferruco!

(Incluso México contaba con otro sistema político, tan antidemocrático como el actual).

Imagínense que suena “Metamorphosis 5”, de Phillip Glass (también pueden usar si es de su preferencia el widget con dicha pieza que está líneas abajo), y:

-Música para un texto de Luis Buñuel…

“Diluvio”, de Luis Buñuel

Llovía.

Diluviaba.

Algo más que torrencialmente. Diluviaba oceánicamente: nadie podía esperar que un mar pudiera viajar así, como un avión, de un planeta a otro. La atmósfera se había transformado en un mar sin peces. Se hallaba próximo el instante en que éstos iban a poder salir tranquilamente de los estanques para pasearse por la gran bola acuática de la ex atmósfera. Ya muchos sacaban sus cabezas de un agua para ponerlas en la otra y quedaban así, como mansetud de niños, como cocodrilos a medio sumergir.

La ciudad entera guarecida bajo los tejados se veía impotente para resistir aquel diluvio que caía como en los sueños al ralenti, pareciendo, de tan compacto, no caer sino quedarse.

Toda la ciudad con sus grandes torres desmanteladas era un inmenso bergantín por primera vez náufrago en la lluvia.

Llovía.

Los peces parecían mariposas atraídas por la luz húmeda de los faroles y en los tejados se entreabrían las tejas como lapas.

En los escaparates colonias enteras de libros buscaban algo en el agua con las hojas vibrátiles y ondulantes, sexos de pólipo.

Los niños nadaban por el acuario iluminado de los pisos, acercándose a los cristales unos bobos muy abiertos los ojos, dejando escapar una columna de circulitos por su bocas redondas.

Llovía. Llovía.

Todo tenía o presentía un palpitar de pulpo. Todo era repugnante a la vista y al tacto.

Las avenidas comenzaban a llenarse de vientres hinchados, de vientres tumefactos sobre los que acudían por bandadas, con inaudita voracidad, manos hambrientas, lenguas hambrientas, cabelleras hambrientas.

A mil metros de altura cruzó la luz fantasmal de un tranvía herido acosado de delfines, asaeteado por millones de dentaduras blanquísimas.

Llovía. Llovía. Llovía. Llovía.

Por todas partes entre grietas de agua y resplandores glaucos acechaban unos ojos grises de mirar metálico, con ferocidad de escualo, los ojos de todos los habitantes de la ciudad, todo ojos, todo ferocidad.

Mis diez dedos no tenían hueso y mis ojos, también mis ojos me acechaban de lejos, más grandes que nunca, grises para siempre, con la ferocidad de los demás ojos.

Junto a mí pasó flotando mi novia ahogada, impulsada por el temblor de su velo nupcial, medusa de amor y muerte.

Llovía. Llovía. Llovía. Llovía.

En el reloj de la catedral dieron las doce burbujas de la noche.

Llovía.

Texto publicado originalmente en La Jornada Semanal hace muchísimos años; ésa es una gran hemeroteca en línea.

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Radio-ministerios

Hace como una semana estaba muy tranquilo en la sala de mi casa, a la nochecita. Estaba a la mitad de una rebanada de pizza con una combinación muy rica de ingredientes (champiñones, jamón y salami, si mal no recuerdo) cuando, ¡zaz!, una ráfaga de viento levantó una polvareda que causó un apagón. Dos cables de corriente tuvieron a mal entrar en contacto, lo cual originó un corto circuito que dejó sin suministro eléctrico a un par de manzanas de mi colonia, en una de las cuales está mi domicilio.

Como eso ocurre con significativa frecuencia, no me fue difícil dar con un par de velas, la caja de fósforos y un pequeño radio de baterías. En casa estamos preparados para las eventualidades de esa clase irónicamente cotidianas dada la frecuencia de tales padecimientos.

Durante un buen rato me puse a escuchar música, pero sólo sintonizaba bien una estación para “adultos contemporáneos” (sea lo que eso signifique) plena de éxitos de las listas de popularidad del anterior par de décadas a los 90s.

Después de un rato de escuchar los grandes éxitos de The Police, Cindi Lauper, Silver Convention, Al Corley, Celine Dion, Al Stewart, R.E.M., Michael Bolton y Depeche Mode, y después de considerar que “Enjoy The Silence” estaba un tanto fuera de lugar entre tal andanada de estímulos para la nostalgia, opté por cambiarle de estación.

Empecé a recorrer el dial y ninguna otra de las estaciones de frecuencia modulada despertó mi interés. Me pasé al AM y encontré sólo estaciones de radio hablada: voces monótonas tratando los tópicos delineados en la agenda de comunicación social del gobierno local.

Fui a dar a una frecuencia (creo que era el 1440) en la que el estruendo y la exaltación por parte de quien ahí gritaba rompió con la saudade radiofónica de los minutos anteriores.

Se trataba de un ministro religioso radiofónico. Servicios religiosos radiodifundidos.

Las estaciones de radio, por lo que tengo entendido, cuando se ven carentes de anunciantes que ocupen sus frecuencias mantienen la frente en alto, y se ciñen al respeto a los principios que han de tener los medios a como de lugar: dar espacio a todas las voces presentes en la sociedad.

Pago mediante, por supuesto. Las voces que encuentran dichos espacios acaban por ser las de curanderos, médicos brujos, telegrafistas alienígenos y ministros religiosos radiofónicos.

Soy un tanto desmemoriado para los detalles. No se me escapó notar, a pesar de ello, que se instaba a los radioescuchas a presentarse en algún establecimiento para seguir al detalle los planteamientos que el estruendoso ministro hertziano expresaba.

Luego dijo lo que no se me olvida:

-La gente autosuficiente, que se trata de gobernar por su cuenta, que piensa por su cuenta, rechaza seguir la palabra del señor, de dios que es más grande que todas las cosas-, expresó.

-La gente autosuficiente -dijo enseguida-, que se trata de gobernar por su cuenta, es demoníaca. Está mandada por el demonio.

El lector quizás adivine lo que seguía en esa tóxica perorata: la única forma de evitar incurrir en tan grave iniquidad era asistir a los servicios religiosos corporalmente, en el establecimiento anteriormente dicho. Cabe imaginar que ya estando ahí quienes fungen como mediadores exclusivos con su divinidad son los propios ministros, que garantizarían así la administración de un remedio a la autosuficiencia.

Opté por cambiarle de estación. No quise regresar a escuchar aquella radiodifusora de canciones viejas, así que apagué la radio, esperando que la energía eléctrica regresara pronto.

Viernes de autocomplacencia de Rock 101

“Este viernes, en nuestros viernes especiales del 12, de 10 am a 10 pm, Rock 101 mira hacia adentro: a dos grupos por hora, con las bandas fundamentales ¡de aquí adentro!

Doce horas de autocomplacencia…

…por Rock 101″

Es lo que dice un promocional con la voz de Iñaki Manero que alude a un especial del decimosegundo (a la postre, el último) aniversario de Rock 101. c 1996. La música de fondo es alguna versión simplificada de “Powerhouse”, melodía de maese Raymond Scott.

Pueden escuchar el audio

acá

12hrsautocomplacen…

Son poco más de 300 Kb.

Que lo disfruten.

Bueno, esta mál que generalice. Radioactivo tuvo buenos programas, me ofusqué

Y el Warpig hace comentarios sensatos y alivianados, sin poses.
Léanlo aquí y óiganlo acá.

Además de que, cuando era jovencillo, escuchaba a Martín Hernández y sus promos con singular alegría, no lo puedo negar.

Me acuerdo en especial de ese par de promocionales seriados que realizó, el primero en WFM y el siguiente en Radioactivo. Trataban de un par de promociones ficticias, que premiaban la participación de los espectadores con mandarte primero, y cito textual, “a chingar a tu madre”, mientras que en el otro te enviaban “a la verga”.

Como tendrá a bien suponer cualquier lector que conozca el caló mexicano, dichas viñetas promocionales no eran transmitidas en la programación habitual de ninguna de las dos estaciones que menciono. Es estricta la legislación en México acerca del uso de ese tipo de vocabulario en las transmisiones de radio y televisión. Lo que se festejaba era la osadía de producir siquiera tal material en una radio mojigata y represora (así es la radio en México, la que se sintoniza abiertamente). Dichos promocionales eran transmitidos en alguna ocasión especial, y propiciaban que los límites de la censura se expandieran un tanto más.

La censura, sin embargo, pasa por más que prohibir el habla “fuerte”. Es sabido que se impide en los medios el trato de ciertos temas, de acuerdo a los pareceres de los dueños de los medios. A veces, se trata con mayor laxitud a los radioastas y lo que dicen, en otras hay un control férreo, y esto cambia constantemente.

El quiebre de la censura pasa por la supresión del poder ilimitado de los empresarios de los medios de comunicación y del propio Estado.

Hay un medio que se puede sustraer a esa relación de poder: es el Internet. Y no es que asegure que la lectura de blogs, por ejemplo, compita en audiencia con la radio o la tv, pero es claro que aquí no hay un control de parte de autoridad alguna que censure previamente los contenidos a publicar -que conste que no estoy a favor de que cualquiera haga lo que le venga en gana, difame, o delinca; se puede tener mayor libertad en cuanto a lenguaje y contenido, eso creo.

Todo esto viene a cuento con los blogs que vi de un par de locutores de una estación de radio, que escriben blogs empleando su vocabulario cotidiano, lleno de palabras como las de los promocionales que recordé. Se escabullen de la censura del vocabulario, pero nada más.

Comentarios superficiales. Como los míos. Je.

Me gustaría ver más ejemplos de la lucha contra el lenguaje en los contenidos.

Hay que ponerse a buscar, ¿no lo creen?

OK, Radioactivo tiene un gran mérito. El síndrome de Brozo: te hago reír, luego te digo que pensar. ¿Eres libre?

Su producción era excelente.
Eran muy graciosos, la mayor parte del tiempo.
Hacían especiales sobre temas de interés.
El programa de Jordi Soler era una joya de lo lindo que estaba hecho.

Pero eran graciosos casi la mayor parte del tiempo.

Otras veces, los locutores tomaban una actitud al aire de “nada vale la pena más que nosotros” en el dial, y querían vender esa actitud como la gran cosa.

Esa estación era buena en cuanto a los promos chistosos, pero luego se la creían, y ya tomaban un airecillo de locutor opinalotodo cuando su talento principal eran las bromas, sólo eso.

Se divertían. Eso es un gran avance en una radio que luego peca de solemnidad. Pero eso no convierte a nadie en líder de opinión, pues ya estamos en otro asunto: el síndrome de Brozo.

Ni Brozo ni Olallo Rubio tienen la culpa, en todo caso. Ellos hacen lo que se les viene en gana hacer -aunque la comparación, ahora que lo pienso, no es precisa: Brozo, últimamente, hace lo que le viene en gana hacer a sus patrones por lo visto.

Quienes los toman como líderes de opinión en realidad han de ser quienes no son capaces de expresarse por sí mismos, por su cuenta: necesitan quien los guíe. ¿Serán libres?

Yo creo que:

“La música actual no es original, y musicalmente es mediocre”.

“El hip-hop y toda la palabrería gangsteriles impulsado más por razones corporativas que por su mérito musical y artístico: ¿cómo se puede ensalzar la miseria y la violencia de los ghettos?”

“Lo que llaman ahora punk no es punk, lo alternativo no es alternativo, lo irreverente no es irreverente y lo rebelde, pues Rebelde es una telenovela…”

“El público de la música actual es ignorante: no sabe nada de música, sólo conoce las canciones que salieron ayer y cuando escribe en internet lo hace sin la más remota idea de como redactar y escribir sin faltas de ortografía; es discriminador creyéndose irreverente; está compuesto de seres ridículos, que confunden inteligencia con cualquier obscenidad o simpleza, mientras suene bien, fuerte y con muchos efectos de sonido”.

“El público de la música actual extraña Radioactivo, y piensa que Olallo Rubio fue grandioso”.

De entre todos estos cambios en lo que se programa en la radio desde que se cerró Rock 101, una cosa me disgusta particularmente: que ya a cualquier rolita vieja le digan clásico. Esa costumbre la empezaron en Radioactivo, la siguen en Reactor 105, la cultivaron con éxito en Órbita, la imitaban irremediablemente en Óxido, la trataron de terminar en La Pantera, y parece que se ha quedado para mal. ¡Zaz! Un público sin cultura está a dispuesto a creer que cualquier rolita de Café Tacvba es clásico, porque no conoce nada mejor.

Combate la ignorancia. Lee un buen libro. Escucha un buen disco. Y si no sabes, pregunta a alguien que sepa, pero no a esos perpretadores de Radioactivo…

LOL

P.D.:

Lo mismo para Reactor 105…

postdata wikipédica:

¿adivinen quien es tv_insomne?