Nota después del Día del Libro (y II)

Nota del autor:

Esta (breve ahora) entrada debí haberla publicada hace muchos meses, pero debido a mi prolongada ausencia de la red apenas la publico hoy.
(tv_insomne)

En la entrada anterior me referí a la escasa oferta literaria en muchas regiones, que se limita a los títulos que se ofrece con frecuencia en tiendas de autoservicio.

En dichos establecimientos se encuentra libros de pseudociencia que, según veo, usurpan el lugar que podrían ocupar ejemplares dedicados a la divulgación científica.

Sin embargo, el problema de fondo es la escasa promoción y práctica del pensamiento racional que se hace en nuestra sociedad así como en muchas otras sociedades en el planeta.

Esto puede parecer obvio, sin duda. Sin embargo, me parece que un público que no ha tenido acercamientos a la ciencia siquiera en niveles educativos elementales puede sentirse intimidado por literatura que, a sus ojos, podría parecer que precisa de conocimientos previos. Quizás también esa falta de referentes críticos se traduzca en una dificultad para identificar la información valiosa y veraz de la que no lo es.

Ocurre también que los comerciantes de lo sobrenatural y lo “extraordinario” ofrecen una literatura accesible en tanto no se requiere ejercer el escrutinio y la crítica, pues sólo basta creer para tener acceso a los misterios ofrecidos.

Veo ahora que el problema no es la oferta de los títulos magufos en las estanterías de los supermercados, sino la carencia por parte de muchos posibles lectores de herramientas para el análisis crítico de dichos libros.

¿Qué opinan?

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Mi primer acceso a la red

Debe haber sido en 1997.

Seguramente desde hace ya varios años en México D.F. había quienes accedían de manera frecuente a la WWW, pero yo no formaba parte de dicho segmento de la población. Mis experiencias con ordenadores se limitaban al uso del editor de texto del MSDOS, a cambiar de nivel en el árbol de directorios, y al uso del glorioso WordPerfect 5.1 para DOS.

Desconocía qué era eso del Internet.

No había accedido a la red de redes, ni había visto siquiera un monitor con esa clase de maravillas que ya desde entonces se proclamaban: ¡información de muchas fuentes a lo largo del mundo!

Y contratar internet en el hogar a unos veloces 33 Kbs aún significaba pagar tarifas privativas, que no estaban por el momento al alcance de un servidor.

Por esa razón un día que estaba lleno de curiosidad fui con un amigo a un local de computadoras que estaba por el metro Ferrería, frente a una escuela vocacional (colegio de nivel bachillerato).

Me he cuidado de decirle a dicho establecimiento “Cibercafé”, debido a la ausencia de otra cosa que no fueran computadoras. Parecía aquel lugar la bodega donde se guardaban no hace mucho los suministros de alguna oficina.

Recuerdo haber pagado 1 hora de internet a 30 pesos mexicanos (para 2007 ya se cobra 5 pesos por una hora). Abrí entonces el navegador, el flamante Netscape Navigator 3.04. Sin embargo, llegué al primer obstáculo para disfrutar del servicio:

no sabía qué páginas visitar.

Le pregunté a la joven encargada de la bodega de suministros adaptada a centro de cómputo:

-¿Cómo entro a Yahoo!- inquirí. En algún lado había ya oído el nombrecito de ese portal.

-Permíteme-, dijo mientras se acercaba al teclado e ingresaba instantáneamente la dirección en la barra de direcciones del navegador. -¿Quieres ver algo en especial?- dijo la encargada.

-Sí, páginas de grupos.

Me dirigió al directorio de Yahoo, y debido a eso acabé viendo un sitio que traía fotos y letras de canciones de Silverchair (¿o es Silver Chair? No recuerdo y tengo flojera de dar un googlazo ahora mismo).

Se me quedó el nombre de esa banda, pero he de admitir que no conozco o recuerdo una sola canción de ellos.

El resto de la hora (ya a estas alturas llevaba 40 minutos de mi tiempo pre-pagado) me la pasé contemplando cómo tardaba en bajar una página de Collective Soul (de esos si recuerdo el nombre de un par de canciones, que quede claro).

Término mi tiempo y partí de aquella bodega.

Sí, no sabía absolutamente nada de navegar en la red, pero la razón es evidente: no tenía acceso cotidiano a ese servicio.

Además, ahora que lo recuerdo, todavía no tenía computadora.

En fin, ya llegaría el tiempo de conocer mejor el uso de esas tecnologías.

P.D.:

Las canciones de Collective Soul cuyos nombres conocía son “December” y “Shine”.

Manú Chao es magufo: ¡qué lástima!

Desde la primera vez que escuché a Mano Negra, a principios de los 90s, me ha gustado mucho el trabajo de Manú Chao. Sus intentos por acercar mediante la música a quienes tienen referentes culturales distintos siempre me ha emocionado bastante, he de decir.

Nunca he escatimado elogios para sus canciones.

Sin embargo, descubro en el blog de Luis Alfonso Gámez Magonia que el autor de “Clandestino” es magufo.

Así es. El músico se dice creyente de

“la santería y, especialmente, la macumba y el candomblé brasileños. “Llegará el momento en que sea aceptado científicamente, cuando tengamos instrumentos que cuantifiquen las energías positiva y negativa. Yo he recurrido a un brujo cuando alguien me quería hacer mal. Me dijo que debía blindarme, para que el odio rebotara hacia quien me lo enviaba. Y resultó, te lo aseguro”.

Chin.

Por las canciones que ha escrito daba la apariencia de ser una persona con mayor rigor intelectual.

Pero no lo es.

El vínculo a la entrada de Luis Alfonso Gámez de donde se obtuvo esta información:
http://blogs.elcorreodigital.com/index.php/magonia/2007/08/21/manu_chao_y_la_energia_chiripitiflautica

El vínculo al reportaje donde Manú Chao se nos declara un racionalista “abierto a lo improbable”:
http://www.elpais.com/articulo/paginas/Manu/Chao/vida/libre/elpepusoceps/20070819elpepspag_1/Tes

Hasta la próxima.